Nuestra Historia
Los residentes extranjeros en Águilas se caracterizaban por su frialdad religiosa, su desinterés por los problemas culturales y su distanciamiento de la población en el orden social, adoptando siempre una posición privilegiada, despreciando la inferioridad social de los nativos. Frente a ese comportamiento, las costumbres y forma de vida de los misioneros era radicalmente opuesta, llevando a cabo su ministerio entre la población aguileña, sin acepción de personas, de acuerdo siempre con las enseñanzas del evangelio; procurando en todo momento proteger a los más necesitados que por entonces constituían la gran mayoría.
A principio de la década de los noventa del s. XIX, unos marineros aguileños trajeron los primeros Nuevos Testamentos al pueblo, dedicándose a leerlos y comentarlos en las veladas nocturnas en las que se reunían y que constituían la única distracción para estas gentes. Fue un misionero sueco, Carlos Augusto Haglund, que llegó a Águilas en 1893, procedente de Valencia, el que dio el primer impulso al pequeño grupo que se reunía en el "Barrio de Jesús". Permaneció visitando la población durante un año.
Tras la muerte de Haglund llegó a la ciudad el matrimonio Armstrong, más conocidos como D. León y Dª Julia, que vinieron a encargarse de la obra misionera en Águilas. Había sido un rico comerciante, y dejó sus negocios para dedicar su tiempo y su dinero al servicio de DIOS. Su figura era inconfundible, alto, delgado, con bombín y barba, y mostraba gran interés por todo lo que supusiera una mejora en la localidad. De hecho, al pretender la Corporación Municipal electrificar el centro de la ciudad, recurrieron a él para que los asesorara, ya que era una persona culta y de amplios conocimientos. Los árboles de la glorieta fueron donados por él; hizo traer planteles de Brasil y otros países. El número de los fieles aumentó y se abrió una capilla en la calle San Sebastián. Los Armstrong ayudaron siempre a los necesitados y confortaron a los afligidos, en la época tan dura que les tocó vivir, por lo que se ganaron el cariño de cuantos les conocían.
Cuando la salud de León Armstrong empeoró se puso en contacto con un joven misionero escocés, Robret Pollock Simpson, a fin de que atendiera el pequeño grupo de creyentes en Águilas. Aceptó el Sr. Simpson y llegó a la ciudad en 1896, acompañado por su esposa Lina Pasche. Él era un próspero arquitecto que lo había abandonado todo para dedicarse a predicar el Evangelio. También era gerente de la Sociedad Bíblica Escocesa y de la Norteamericana de Los Ángeles. Los “colportores” de estas sociedades recorrían todo el país distribuyendo Biblias y Nuevos Testamentos, siendo en muchas ocasiones perseguidos, encarcelados, y hasta apedreados, consecuencia de la ceguera espiritual y de la gran ignorancia reinante en la mayoría de los pueblos de España. El matrimonio Simpson, más conocidos como D. Roberto y Dª Lina, se hicieron muy pronto populares entre los habitantes de Águilas; frente al carácter conservador de los ingleses que vivían en Águilas, ellos se fundieron de tal modo con la población, que sería imposible hablar del Águilas de principios de siglo sin destacar la beneficiosa influencia de los Simpson.
En el orden de lo religioso fue una columna de la fe cristiana evangélica. Construyó la Iglesia de la calle Jovellanos, según los planos que él mismo, como arquitecto, realizó y que sigue abierta al culto hasta el día de hoy.
Águilas era un pueblo de mineros y gente de mar; los Simpson se encontraron con una población llena de alcoholismo, juego y prostitución, la mayor parte vivía en la miseria, con un índice cercano al 90% de analfabetos. Gente desengañada y desconfiada de cualquiera que se acercara a ellos para ayudarles. Ellos les llevaron la Palabra de DIOS llena de esperanza que habría para ellos una nueva Vida, ya que recibían la salvación por la fe en CRISTO, y no por obras como antes creían, así recibieron gran consuelo, y no solo espiritual, sino también material, ya que los Simpson además de predicarles, les demostraban la verdad del Evangelio con su comportamiento ejemplar de verdaderos cristianos, hasta el punto que gastaron toda su fortuna personal en ayudar a los más necesitados.
En cuanto a lo social se refiere, Roberto Simpson luchó por conseguir mejorar las condiciones de vida de gran cantidad de familias de mineros que trabajaban muchas horas por un sueldo miserable. Consiguió que subieran los salarios entrevistándose en distintas ocasiones con los empresarios ingleses que "ejercían de caciques". Dª Lina ejerció una gran labor en lo referente a salud, higiene y enseñanza. Era comadrona titulada, teniendo gran experiencia como enfermera, curaba a todos gratuitamente, incluso a los desahuciados por los médicos en cuestiones de la vista y enfermedades de la piel. Hizo un "ungüento" conocido como "pomada de Dª Lina", muy popular por sus propiedades curativas. Compraron una casa y la dedicaron a residencia de ancianos, que fue el primer asilo que hubo en Águilas. Abrió una escuela en las "cuevas", donde no solo se enseñaba a leer y a escribir sino que se enseñaba a las jovencitas las labores propias de la casa, a coser, etc. Como anécdota recordamos que el primer día que fue a “las cuevas” la apedrearon y la embarraron, pero, al poco tiempo, era muy querida por todos, y llegó a ser imprescindible. Montó un dispensario donde acudían personas de todas partes, incluso enfermos de tracoma desde Murcia a Almería. Se dice que eran siete en casa y que cada día compraba pan para más de treinta personas. Nunca se conoció en ella un gesto de irritación o desánimo y nunca cobró por su trabajo. Visitaban los alrededores buscando personas que pudieran necesitar ayuda.
D. Roberto murió en 1923 y Dª Lina tuvo que trasladarse a otra casa más pequeña y vender parte de lo que les quedaba para poder comer, ya que todo lo había repartido entre los necesitados. Los británicos le dieron la espalda y no la ayudaron, pues la vida de Lina era un reproche viviente para todos ellos. Murió en 1929 y fue llorada por todos; se dice que nunca en Águilas se vio hasta el día de hoy un entierro con tal afluencia de personas. Su recuerdo queda vivo en la memoria. Con la entrada de la democracia en España se les reconoció su importante labor y se le dio su nombre a dos calles de la ciudad.
En 1927 llegó un nuevo misionero, D. Reinaldo Barnés, con su esposa María Penélope, que se hicieron cargo de la obra evangélica hasta 1936. También de ejemplar comportamiento, estuvieron en Águilas hasta que estalló la guerra nacional. 1936 marca la línea divisoria en la historia de Águilas.
Sin embargo la iglesia cristiana evangélica siguió adelante, a pesar de diferentes problemas causados por la persecución del Régimen dictatorial implantado tras la guerra. Aunque el local de Jovellanos, 20, fue clausurado, los creyentes se siguieron reuniendo en las casas, principalmente en la de Jovellanos, 41, donde los hermanos encontraron siempre consuelo y edificación en la Palabra.
En 1954 llegó el siervo del Señor Pedro Martínez Serrano, desde Barcelona, enviado por cuatro de las iglesias más conocidas a fin de que trabajara con la iglesia de Águilas y pusiera en orden los asuntos legales de la propiedad de la iglesia. Por la mano del Señor todo se solucionó, ya que la propiedad estaba a nombre de “Continental Land” compañía británica cuya labor era proteger las propiedades de las iglesias cristianas en lugares con persecución religiosa. Así que las puertas pudieron volver a abrirse legalmente y sin obstáculos, y la iglesia reunirse de nuevo y celebrar los cultos libremente.
Con el paso de los años la iglesia Evangélica de Águilas siguió adelante con su ministerio cristiano, con diversas pruebas, con más de cuarenta años de clases bíblicas de verano para jóvenes y niños (Campamentos de Águilas) y con oscilaciones en la membresía, pero con firmeza y arraigo en la Palabra de Dios.
Después de bastantes años sin un ministerio de pastorado (solo con el Consejo de Ancianos), se trasladó en 2022 la familia Casal-Aguirre; un joven matrimonio con tres niños pequeños. Pablo Casal Martín es el Pastor que, actualmente, lleva adelante el ministerio de la iglesia, con el apoyo de su esposa Anaïs y la colaboración de los miembros de iglesia.
